| ¿Por que es importante? Existe amplio consenso de que los padres influyen en forma decisiva en el desarrollo y desempeño del niño. Muchas de las destrezas que los niños adquieren dependen fundamentalmente de la interacción con sus cuidadores, así como de los que los rodean. De hecho, la calidad parental que recibe un niño se considera el principal factor de riesgo modificable que contribuye al desarrollo de los problemas emocionales y conductuales de los niños. La interacción padres-hijos afecta diversas áreas del desarrollo, incluyendo la autoestima, el rendimiento académico, el desarrollo cognitivo y la conducta. Sin embargo, de acuerdo a los datos de la Encuesta Longitudinal Nacional de Niños y Jóvenes (National Longitudinal Survey of Children and Youth), sólo un tercio de los padres canadienses utilizan enfoques parentales óptimos
| ¿Que podemos hacer? |
| Existe una cantidad considerable de programas de apoyo parental que refuerzan las habilidades de los padres y promueven el desarrollo de nuevas competencias. Pese a que estos programas difieren en sus propuestas de intervención, tienen un propósito común: mejorar la calidad de vida de padres e hijos, y tienen una estrategia común: producir un efecto positivo en los niños por medio de cambios de actitudes, conocimientos y/o conductas parentales. Estas iniciativas buscan entregar a los padres los conocimientos y habilidades necesarios para asumir efectivamente las responsabilidades de la educación de los niños, así como proporcionarles experiencias y oportunidades que promuevan su aprendizaje y desarrollo. Muchas de ellas son iniciativas comunitarias diseñadas para promover el flujo de recursos y apoyo a las familias.
Los programas parentales exitosos se enfocan en tipos de conducta infantil específicos (por ejemplo, dificultades del desarrollo, conducta infantil problemática) o se centran en ciertos procesos de transición del desarrollo. Cubren múltiples necesidades, tales como servicios de cuidadores entrenados en otros contextos (tales como jardines o centros abiertos) y en el bienestar de la madre. Ello implica desplegar esfuerzos significativos en el entrenamiento inicial del personal que, a su vez, implementa el programa con los padres, y la mantención de la intervención. Finalmente, estas iniciativas maximizan la inversión de los padres priorizando la importancia del desarrollo de los niños pequeños, vinculándolo a habilidades parentales y a decisiones saludables.Estos exitosos programas brindan oportunidades para los padres de reunirse entre pares y apoyarse mutuamente. Al respecto, los datos son particularmente decisivos sobre las iniciativas que combinan la intervención del apoyo parental con servicios educativos directos para los niños, lo que a su vez contribuye al crecimiento y desarrollo óptimos de éstos. Además, juegan un importante papel en la prevención de la delincuencia. Un análisis de costo/beneficiode las diversas estrategias de intervención indicó que la capacitación parental fue más efectiva con respecto a prevenir futuras actitudes delictivas de los niños que las visitas diarias a los hogares, junto con el centro abierto o supervisión de niños y jóvenes que presentan conductas delictivas. El desafío del servicio de salud y de los proveedores de servicios sociales es promover una parentalidad óptima de una forma eficiente y proactiva. No obstante, en la implementación de esta tarea, se presentan numerososobstáculos: fragmentación de los servicios, restricción de atribuciones, diferentes capacidades producto de las distintas especializaciones del proveedor, así como problemas de acceso debido a la ubicación geográfica de los centros, idioma y horario de atención. En los estudios sobre parentalidad y programas de apoyo, se deben considerar cuatro tendencias: precisión de las habilidades parentales tanto dentro como fuera del hogar (por ejemplo, la importancia de interpretar eventos, establecer rutinas, estar alerto a recursos externos); establecer resultados para los niños o los padres (determinando qué procesos están relacionados a ciertos resultados); encontrar formas de poner al niño dentro de un contexto (por ejemplo, considerar sus perspectivas sobre las características de un buen padre); y poner más atención a las diferencias culturales respecto de la forma en que los padres piensan, sienten o actúan. En consecuencia, los estudios sobre interacciones padres/hijos deben continuar ampliándose para evaluar resultados más representativos de grupos socioeconómicos, culturales, raciales y étnicos. |
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